sábado, 6 de abril de 2013

Castillo de Santa Gadea del Cid. S.XI - XV

El castillo de Santa Gadea del Cid se alza sobre un cerro cercano a la localidad del mismo nombre, en la provincia de Burgos, Comunidad de Castilla León, (España).

El pequeño y pintoresco pueblo de Santa Gadea del Cid nació con una función claramente defensiva, dada su condición de núcleo fronterizo entre Castilla y Álava. De aquella impronta fundacional quedan huellas, más simbólicas que reales, en los restos de su castillo y de sus murallas.

El castillo actualmente en pie se sitúa en un montículo rocoso, desde el que se hace perfectamente visible el paso sobre el río Ebro. Los restos conservados pertenecen al siglo XV. En esos momentos, el Conde de Salinas, que retenía ilegalmente los castillos de Miranda y Pancorbo, asaltó el de Santa Gadea, que estaba en propiedad de sus enemigos, los Padilla. Su construcción se atribuye a Pedro López Manrique. Anteriormente hubo en el mismo lugar otra fortaleza, fechada en el siglo XI.

El edificio del siglo XV se levantaba sobre una planta muy irregular, alargada en sentido norte-sur. Excepto el lado este, los demás son muy abruptos. En el lado norte se encuentran dos grandes cubos huecos, con escasos vanos, que se asientan, al igual que los muros, sobre la roca viva. De la cerca tan sólo se conservan algunas pequeñas ruinas. En la ladera del extremo oriental se conserva una especie de pequeño pozo abovedado, que tal vez fuera el aljibe.

En el centro del patio de armas, sobre una curiosa roca, se alza la torre del homenaje. Es el elemento más significativo de todo el conjunto. Se trata de un cuadrado de seis metros de lado.

Para acceder al interior hay que atravesar una puerta con arco de medio punto, que se encuentra en el primer piso. Conserva una cubierta plana, sostenida por una bóveda con nervaduras góticas. En todo el conjunto predomina la mampostería.

En los siglos centrales de la Edad Media, Santa Gadea se deja rodear por unas esbeltas murallas, de las que hoy tan sólo se conservan algunos pequeños tramos, que conforman los muros de varias viviendas. Por la estructura del plano, se cree que estas murallas tuvieron un trazado triangular y que partían, como en la mayoría de los lugares, del castillo.

Quedan dos puertas bastante bien conservadas, aunque parece ser que hubo tres, cuyas funciones básicas eran, por un lado, la de permitir el control de entrada y salida de vecinos y visitantes, y, por otro, la de asegurar el cobro de los tributos que gravaban el tránsito de productos y la entrada de mercancías.

De las dos puertas supervivientes, una se denomina de “Encima de la Villa”, en la que se situó la antigua cárcel, y la otra “Arco de la calle de Abajo o de las Eras”.

Según Madoz: Santa Gadea del Cid pertenece al partido judicial de Miranda de Ebro, está situada al pie de un cerro donde existe una torre anterior y un castillo medio derruido. En tiempos fue poblado fuerte y en el día se hallan sus muros arruinados.

Tiene una escuela de ambos sexos, una fuente, una iglesia parroquial dedicada a San Pedro Apóstol, dos ermitas tituladas la una de Candepajares y la otra de La Magdalena o San Lázaro, ambas en extramuros.

Contó con dos conventos, uno el de San Bartolomé, franciscanos recoletos y el otro del Espino, con monjes benedictinos. Un arroyo mueve dos molinos harineros, uno de ellos hasta hace poco tiempo.

Santa Gadea del Cid está situada a unos 11 kilómetros al noroeste de Miranda de Ebro, y perteneció a comienzos del siglo XI al señorío de Lantaron con el nombre de término; en lo eclesiástico, perteneció al Obispado de Valpuesta y posteriormente fue otorgado a don Lope Díaz de Haro el V.

En su término destacan edificios como las ruinas del castillo y el Ayuntamiento, construido en 1859.

Santa Gadea del Cid perteneció a los Padilla y después al Duque de Lerma, hijo de la última Padilla en el siglo XVII, y más tarde a los duques de Medinaceli.

Tiene el rango de Conjunto Histórico-Artístico Nacional por decreto 12-4-1973. En la villa se conservan diferentes casas con sus escudos heráldicos, como el de los Samaniego en buen estado de conservación, o el de los Núñez, con sus dos calderas, y algunos más.